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Robos y enfrentamientos en la mar

Uno de los problemas más serios que se plantearon a las potencias europeas, sobre todo a partir de la guerra de los Cien Años, fue el de las piraterías y robos en las aguas que se consideraban enemigas.  Que se practicaban incluso en épocas de paz para resarcirse de los daños producidos durante la guerra. Era frecuente que los monarcas amparasen estas situaciones concediendo cartas de "marca o represalia" contra los súbditos de los países que habían cometido tropelías con los suyos, permitiéndoles formar armada contra ellos.
La villa y puerto de Llanes, que mantuvo un intenso tráfico con los puertos atlánticos franceses no se libró de estos problemas, hasta el punto que algunos llaniscos formaron armada para resarcirse de los robos que los franceses cometían en sus barcos.

En un documento del Registro General del Sello del año 1521 se hace referencia a uno de estos altercados: hacía marzo o abril de ese año encontrándose Gómez Nieto con su navío pescando en el Canto Viejo, en las proximidades de Irlanda, ciertos franceses que andaban de armada le robaron doscientas docenas de pescado, además de la sal, el vino y el pan que tenían para su aprovisionamiento.

Estos hechos que eran bastante frecuentes propiciaron que un grupo de vecinos de Llanes decidieran armar varios navíos y salir en persecución de los franceses con el propósito de alejarlos de estas costas. Juan del Ribero solicitó en nombre de los que organizaban la armada la licencia correspondiente que les fue concedida por Carlos I el 24 de julio de 1521. Ateniéndose a esta licencia Pedro González de Posada armó una Nave de nombre Magdalena y en el mes de Agosto del mismo año el capitán llanisco apresó en las proximidades de Burdeos una nave que decía ser inglesa cargada de mercancías de súbditos del Rey de Francia. El capitán llevó la nave con mercancías y tripulantes al puerto de Llanes, pero las cosas se complicaron cuando los que venían en la nave apresada solicitaron la intervención del juez y del notario para que la nao, con todos sus bienes fuese devuelta a sus propietarios que decían ser ingleses y no franceses. A partir de aquí se inicia un largo pleito entre ambas partes cuyo proceso duraría un año hasta que el Consejo Real dio su sentencia definitiva a favor de los ingleses robados y no franceses como pretendían los llaniscos.

Ya a finales del reinado de Carlos I, en 1522, Gómez de Posada, vecino de Llanes, armo una pequeña embarcación con treinta y un tripulantes a sueldo, para defender las costas del Principado de los frecuentes daños que en ella hacían los franceses. Llegaron al reino vecino y tomaron una nao francesa cargada de trigo, armas y otras mercancías, que apresaron junto a su tripulación y codujeron al puerto de Llanes. Allí entregaron los tripulantes franceses al juez de la villa Ruí González, para que los tuviese presos mientras el Consejo Real tomaba su decisión. Pero el juez los dejó en libertad y tomó la nave y las mercancías negándose a restituirlas, según Gómez de Posada, por odio y enemistad que el juez tenía contra él. El marino de Llanes denunció los hechos ante la Corte y el monarca ordenó al juez que devolviese la nave y mercancías a Gómez de Posada, previa entrega de dos mil ducados de fianza, al tiempo que le daba quince días para presentar ante el Consejo Real las razones que tuvo para soltar a los franceses.

Juan Uría Maqua
"Llanes, viejas historias, nuevos patrimonios" 

Sección: 
Llanes Marinero
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